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8,000 kilómetros en bicicleta. Quince músicos. Más de cien conciertos impulsados por el pedaleo de los asistentes. Una gira para cambiar el mundo. Los Ginger Ninjas son la banda más amigable con el medio ambiente.

Solo quiero andar en bici contigo” es mucho más que un lema de playera para Kipchoge Spencer. Es, de cierta forma, su misión en la vida. La cabaña de Spencer, en North San Juan, California, apenas tiene espacio para un calentador a leña antiguo, un piano y sus guitarras. Pero afuera de la construcción de madera parece una parada pit de una carrera de ciclismo para aficionados amateur. Spencer es algo más que un entusiasta de bicicletas. Aun siendo músico, las dos ruedas se han convertido en su estilo, en su forma de llevar su arte a todos lados, y de mostrar su manera de ver el mundo.

En 2007, Spencer decidió dedicarse completamente a la música tras abandonar Xtracycle, compañía que creó en 1998 (de bicicletas rápidas de carga) para tratar de entusiasmar a más personas a cambiar sus autos por bicicletas y crear más oportunidad laboral en zonas de bajo nivel económico. Los Ginger Ninjas, la banda que creó junto con amigos cercanos, aún no ha visto premios, invitaciones para competir en actos pop internacionales ni ventas prominentes. Aunque cada vez que los Ninjas tocan, más gente se acerca. Spencer no se enfoca en
ganancias: es básicamente una labor de corazón.

“Las bicis, la naturaleza y la música son expresiones perfectas del mundo. Cada una nos conecta con nuestra humanidad, con nuestra alma”, dice Spencer sobre sus amores. Cuando la banda decidió salir de gira, nada perecía tener lógica más allá de la aventura y tal vez fomentar ideales ecológicas. “Teníamos el sueño iluso de cambiar la forma de transporte de todo un país”. El objetivo: recorrer las 5,000 millas desde North San Juan a Palenque en bicicleta. Sin ayuda de ningún vehículo a gasolina, sin conciertos programados, sin hoteles reservados, utilizando un sistema de energía a base de pedaleo. “Todo se originó una noche, hace años, en la que tuvimos una prueba de la gran aventura en Ciudad Juárez. Cruzamos la frontera y nos acomodamos en la esquina de un mercado ambulante, justo antes de que terminaran de guardar sus puestos. Todavía no habíamos sacado los instrumentos cuando ya se había formado una pequeña multitud a nuestro alrededor”.

Ciudad Júarez es una de las poblaciones más azotadas por la agresión de la lucha contra las drogas. Incluso se ha convertido en un símbolo de ciudades fantasma, abandonadas por la ola de violencia contra sus habitantes desde hace casi una década. Sin embargo, Spencer nunca la percibió así. “He estado en muchos lugares del mundo, pero nunca había sentido un ‘shock’ cultural tan grande como sentí con solo brincar la frontera desde El Paso. La gente, tímida pero desinhibida, no tenía reparo en cantar desde el principio, aunque no hable inglés. ‘More love, more love, less of everything else’, cantaba. Era sublime”.

Encuentra la historia entera en la edición febrero de Red Bulletin.


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