En enero de 2010, el gran saltador BASE Felix Baumgartner presentó su proyecto Red Bull Stratos. Una misión al borde del espacio que recoge datos para futuros proyectos espaciales y además busca romper cuatro récords mundiales. Una aventura cuya complejidad excede todas las dimensiones. Después de una pausa de largos meses, se alza definitivamente Red Bull Stratos.
Felix Baumgartner quiere ser elevado en un globo aerostático a los 36 km de altura (hasta la fecha inigualados). Nunca antes un hombre saltó desde esa distancia. Nunca un salto en paracaidas ha sido tan largo. Nunca tampoco ha conseguido un hombre en caída libre la velocidad supersónica. Esto también es parte del plan maestro de Felix Baumgartner.
El proyecto científico Red Bull Stratos sigue las huellas del Excelsior, por el cual un 16 de agosto de 1960, el coronel estadounidense Joe Kittinger saltó desde 31 km de altura – y sobrevivió de milagro. Ahora Joe Kittinger es el mentor de Baumgartner en el intento de adentrarse en un mundo hostil, en el que cada error puede tener consecuencias mortales para Baumgartner.
Sin embargo Red Bull Stratos, lleva a todos los participantes hasta sus límites –y aun más allá. En los últimos dos años el equipo ha tenido que sobrepasar más obstáculos de los que imaginaba. Ahora Red Bull Stratos se alza definitivamente. A partir de ahora, The Red Bulletin acompañará a Felix y a su equipo mes a mes, hasta el salto récord. La parte 1 comienza con una entrevista a fondo con Felix y el retrato de su mentor, el pionero Joe Kittinger.

Parte 1. Entrevista Felix Baumgartner. 2 enero 2012, Salzburgo, Austria.
“Todo se volvió cada vez peor”
Felix Baumgartner al desnudo: en el reportaje nos cuenta acerca de la desaceleración, los límites físicos y por qué, a pesar de todo, nunca pensó en el fracaso del proyecto.
Para el público en general fueron casi 9 meses sin saber nada acerca del Red Bull Stratos. ¿Qué ha pasado en ese tiempo?
Tendríamos que remitirnos hasta el momento en que se detiene el proyecto por los derechos de autor. Cosa que fue resuelta fuera de la corte. En diciembre de 2010 teníamos la última gran prueba con el traje espacial, y por lo menos para mí, estaba claro que existía un problema. Éste se encontraba en un lugar que jamás me hubiera imaginado: en mi mente. Tuve problemas al ponerme el traje, y con el tiempo todo se volvió cada vez peor. No podía soportarlo más de un par de minutos.
¿Podrías describir los síntomas?
Siempre se ha dicho que el traje debería ser como una segunda piel, pero nunca llega a serlo. Tú estás en movimiento, en tu percepción del límite. Tan pronto como la visera se cierra predomina un silencio opresivo. El traje es como estar prisionero. Nunca se nos ocurrió previamente mantener el traje cerrado con la visera abajo durante cinco horas, que es precisamente lo que dura toda la misión. Creo que a nadie se le ocurrió que el simple hecho de vestir el traje podía poner en peligro la misión, ni siquiera a mí con la experiencia que tengo y las cosas extremas que he hecho en mi carrera. Al fin el traje fue lo que terminó generándome estados de pánico.
Exageras…
Por el contrario. Cuando nos acercamos a la gran prueba de la cámara de presión a 60 grados bajo cero, donde se simularían las condiciones reales de presión y altura, rodeados por cámaras, personal de la fuerza aérea y científicos, lo supe: no lo lograría. No encontré solución posible. Los presuntos grandes obstáculos como la caída libre en el traje de presión los había superado valientemente y ahora lo que fracasaba era mi propia mente. En vez de ir a Brooks a realizar las pruebas, fui al aeropuerto y hui precipitadamente de EU. Lloré por teléfono Fue el peor momento de mi vida. Hasta entonces sabía cómo liberarme yo mismo de los inconvenientes. Esta vez, ante los ojos de el mundoentero, encontré mi propio límite.
Lo cual evidentemente querés sobrepasar.
Hicimos algunas pruebas en los entrenamientos, según los médicos una mejor condición física aumentaría mi resistencia al estrés. Pero, por favor, he hecho durante 20 años los saltos más extremos, he volado sobre el Canal de la Mancha. Mi resistencia al estrés la he comprobado sin largas sesiones de ergometría. El problema debía solucionarse de otra manera.
Encuentra la historia entera en la edición febrero de Red Bulletin.
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